La propiedad es un robo
Mi resfriado es de alguien que me lo contagió. Mi casa es de un banco. Mi trabajo es de quien lo paga e incluso de quien no me lo paga. Mi libro es de la editorial. Mi país pertenece a quien lo maneja, y ése no soy yo. Mi cultura es tan antigua que sería presuntoso adjudicarme su propiedad. La propiedad de mi biblioteca y de mi discoteca es lógicamente de sus autores. ¡Mis amigos son tan suyos! Mis vecinos son, también, propietarios de sí mismos. El Estado no es mío, sino que soy yo… Mi sueño y mi vigilia son en buena parte patrimonio de mis vecinos y de mis amigos y de mi familia y del Estado y de mis editores. Las lenguas que uso pertenecen a culturas ancestrales…
Aunque, eso sí, de la piel pa dentro mando yo. Afortunadamente mi cuerpo, mi deseo, mis errores, mis aciertos y mis problemas me pertenecen exclusivamente. Gracias a ello he podido desarrollar una estrategia envolvente a partir de la sencilla idea siguiente: Si mis problemas, aciertos, errores, mi deseo y mi cuerpo son tan importantes para mí, deben ser terriblemente decisivos para la Humanidad (un producto de mi mente, entre otras cosas), por lo que mi casa y el banco que la posee, mi trabajo y quien lo paga, la editorial que editará mi libro, mi país y sus tejemanejes, la cultura en la que vivo, aquellos libros que leo y los discos que escucho, hasta mis propios amigos, mis vecinos y el Estado que todo lo es, dependen necesariamente de mis aciertos, mis problemas, mis errores y del deseo motor de mi existencia. De mi cuerpo, mi mente y mis sentidos, por decirlo de una forma simple.
Con evaluar cómo habrá influido este resfriado en el transcurso de Todo, tengo para rato.
Publicado el 29 febrero, 2012 en Anfractuosismos y perplejidades y etiquetado en cultura ante silencio, derecho y pertenencia, despeja y focaliza, el ser dentro o fuera, esencia y gasolina, existencia y focalización, propiedad y deber, propiedad y pertenencia. Guarda el enlace permanente. Dejar un comentario.

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