Quizá los próximos años no nos hagan tan necios.

20 mayo, 2011 § Deja un comentario

La primera certeza de que el tiempo histórico retrocedía la tuvo Philip K. Dick, que afirmó que “El tiempo real llegó a su término en el 70 d.C. con la caída del Templo de Jerusalén. Volvió a comenzar (hacia atrás) en 1974 (dimisión de R. Nixon). El período transcurrido entre ambas fechas fue una interpolación perfectamente espuria…” (Philip K. Dick, Valis, 1981).

Hace meses que pensé que socializar las pérdidas de los bancos para que pudieran repartirse los beneficios era, desde mi punto de vista, una actuación propia de un hippie que ha pasado un par de noches en un calabozo militar (si has visto Mars Attacks, ya sabes que, generacionalmente, el mundo probablemente debe estar en manos de los hermanos pequeños de los hippies y el dinero en poder de sus hermanos mayores).

Pero todas las alarmas estallaron ayer, cuando capté un mensaje inequívoco de grosera alienación: en un debate a distancia de estos que mantienen, cual vecinas ofendidas, los candidatos opositores al mando en vísperas de las elecciones municipales, descubrí que, en el colmo de la mezquindad, alguien ha decidido (no sé si lo han puesto en práctica, tampoco es importante la materialización de lo deleznable) paliar la Crisis Económica Bancaria Mundial quitándoles la merienda a los enfermos de los hospitales públicos de Catalunya.

¡Cómo no lo había entendido antes! ¡Cómo pude ser tan ciego! No es un problema de estulticia, no es una cuestión de incompetencia. Hay intención de crear un gueto de ignorancia y sufrimiento, bajo la acertada idea de que son dos cosas que, si conviven, hacen la vida más llevadera que padeciendo una sola de ellas.

A todo esto, creo que sería bueno recomendar un libro muy especial de Stanislaw Lem que lleva por título Provocación (Editorial Funambulista, 2005) escrito en 1984… “El verdugo se presentaba ante la multitud (…) medio padre, medio amante”.

En fin, no digo que haya que llevarle cajas de fruta a la clase media que acampa en la plaza Catalunya, como ha hecho una amiga mía que le quedan sólo cincuenta euros para llegar a final de mes, porque les sería extremadamente fácil organizar una comisión de avituallamiento y acercarse a la frutería más cercana para abastecerse de vegetales y, poniendo cada uno de los acampados un par de euros, harían feliz a un tendero con ganas de cerrar e irse a su casa. Pero si yo fuera tendero y burgués les regalaría la fruta, igual que les he regalado este artículo, porque una revolución sólo se puede hacer cuando las necesidades básicas están cubiertas. Si se lucha por comer, se llama una revuelta, así lo explica Marx. A la revolución no la mueve el miedo. Por eso hay que evitar el sistema del azul. No sé si habéis oído hablar de esto, es una metáfora de control en las empresas, consiste en tener a alguien agarrado por el cuello e ir aumentando la presión. Notaremos que el sujeto pasa por una gama de colores: el blanco de estupor, el amarillo de miedo, el verde de terror y el azul de proximidad a la asfixia. En el momento de alcanzar el azul, hay que disminuir la presión para retroceder al estado verde o alguno de los anteriores. Sólo así, el individuo mantiene la sumisión y nos resulta útil.

Resumiendo: una revolución no tienen por qué hacerla muchos, todos, la especie al completo; eso sería cosa de la evolución, que sí ha de ser masiva. Una revolución… caramba, la pueden hacer pocos, bastantes, muchos… e incluso uno solo. No pasa día que eso no suceda.

La consecuencia práctica del uso colectivo de las redes comunicativas, escapa ahora mismo a todo intento de evaluación, control y neutralización. De bien poco sirven las estadísticas que acotan y localizan, cuando simultáneamente, en cada ciudad, pueden haber miles, cientos o decenas de personas con el mismo objetivo y están en contacto permanente. Quizá el objetivo sea vago o confuso, quizá no. Eso lo determinará la amplitud de banda del hecho mental colectivo. Pero define un escenario donde la política empieza a dejar de ser producción (no me refiero a la producción en el sentido materialista dialéctico, sino a la moderna profesión de los que resuelven cosas).

Ningún proyecto humano puede sustentarse únicamente en la producción y la gerencia, tareas en las que un error puede ser un desastre y que suelen desempeñar personas que ya eran proclives a pasar el fardo antes de ser mayores de edad. “Gente con estómago”, se dice.

Como no tengo una fe extraordinaria en la clase media (pertenezco a ella) y visto que la conciencia de clase tampoco le pertenece a nadie, a ver si vamos a estar asistiendo a un ejercicio de conciencia pura y dura. Eso puede doler. Así que podría ser un posible despertar de lo que queda de la base social… y probablemente es intergeneracional, interprofesional, ¿quién sabe si internacional?.

– ¿Algún guionista de televisión introdujo mensajes subliminales? ¿Algún tecno-profeta lo predijo?

– Parece ser que es espontáneo. Indignados ante la inmoralidad.

– Vive la trance!

Quizá Borroughs, en La revolución electrónica, no tuvo en cuenta que Control y Poder no se interesan tanto por estas cosas como podría parecer. Comer mucho foie, aturde respecto a las manzanas.

Algo comienza.

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