Musicología fonética: todo son encuentros

9 julio, 2011 § 2 comentarios

Alexander Graham Bell, un señor que inventó el teléfono a la vez que algunos otros (pero se hizo un lugar en la historia como su único inventor), era hijo de Mr. Melville Bell, quien desarrolló el primer alfabeto fonético internacional. En ese alfabeto, que traduce gráficamente los sonidos del habla en signos especiales, la partícula “bel” serviría para representar la terminación de tres de los títulos más exitosos de la música (más popular que el pop) de todos los tiempos:

El canon de Pachelbel (1680)

El bolero de Ravel (1928)

Tubular Bells (1973)

Las tres piezas fueron compuestas sin la expectativa de convertirse en super-hits, sus autores no las tenían todas consigo y tampoco la predisposición inicial del público o los mecenas les fue del todo favorable. Pero acabaron triunfando con sus respectivos ***bel***.

Encontraréis esas tres composiciones tarareadas en cualquier lugar y en cualquier momento, servidas por megafonías, tonos de espera telefónica, muzak en los aviones o demos de equipos hi-fi.

Quizá “María Isabel” de Los Payos (1969) no esté a ese nivel de trascendencia, pero arrasó en España durante un verano, y alcanzó una extraña posición en el imaginario underground internacional al aparecer en un loop del disco de Coil Horse Rotorvator (1986), seguida de unos ladridos de perro, una banda municipal y unos grillos, para dar paso a uno de los lamentos más profundos y majestuosos de toda la música popular: In Ostia.

Precisamente hoy pensaba en cómo fabricar este post y me encuentro por casualidad con Corina Belart, después de muchos años, en Gràcia. Me han venido a la memoria un montón de cosas que pasaron en la Quincena d’Art de Montesquiu (la QUAM de 1998). Entre ellas que Corina tenía un coche y unos cuantos nos escapábamos al pueblo, que hicimos escucha profunda con Francisco López y jabalíes desinhibidos…

López  ya andaba ese año enfrascado en una serie de discos que llamó genéricamente  Belle Confusion.

Un día imprimí copias de esta ecuación y las dejé en las mesas del desayuno:

Montesquiu, 1998

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§ 2 respuestas a Musicología fonética: todo son encuentros

  • Rafa dice:

    El Bolero fue concebido por Ravel como un ejercicio de orquestación; el planteamiento básico partía de un motivo melódico-rítmico repetitivo que busca la expresividad en los dinámicos, desde los pianos hasta los fortísimos.
    Nunca pensó que ‘esa’ composición suya pudiera alcanzar la aceptación que posteriormente llegaría a tener. Y no sé más. RZ

  • en Girbén dice:

    També era intranscendent i també “Bel-ejava” la Bella senz’anima del ronc Riccardo Cocciante.

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