Cápsulas Entrañablemente Generacionales: 1. El momento estelar.

6 septiembre, 2011 § 1 comentario

Momento estelar de una generación captado con gran nitidez

Estamos viviendo (o asistiendo a) un momento histórico único, privilegiado, una operación de tan gran envergadura como la Segunda Guerra Mundial o la expulsión de los judíos y los árabes de España. Porque, aunque no supere en glamour a la caída del muro de Berlín (tan irreversible, por otra parte), el momento histórico que acometemos (de espaldas, todo hay que decirlo), es la confirmación más reciente de la posibilidad de que la historia aún siga existiendo. ¿Cómo será recordado este momento en los libros y la wikipedia de dentro de cien años? Especulemos. Yo me inclino por que será conocido como el del nacimiento de la Saldocracia Occidental, que se mostrará mucho menos idealista que la Burocracia o la Democracia (también podría ser recordado como el Período Fatalista, o del Remordimiento).

Ya sabemos, por la proliferación masiva de excepciones, que ni los países ni los ciudadanos acaban por tener verdaderos derechos y mucho menos verdadera libertad, pero ahora tienen saldo. Dentro de poco te podrás encontrar cualquier día en un bar tomando un café y explicándole al de al lado tus cuitas para llegar a final de mes y el de al lado, que resulta ser el presidente del gobierno, te contará que si no consigue vender unos cuantos aviones de combate antes del día quince le van a embargar Zaragoza y le retirarán el crédito que ha pedido para arreglar los baches de la A1, con lo cual tendrá que dejar un mes sin pensión a todos los jubilados.

Amigos, parece que han ganado los bancos. Sabemos cómo gobernaban los bancos el mundo desde la sombra, pero no tenemos ni idea de cómo lo harán a plena luz del día, aunque me lo puedo imaginar.

Lo que más duele es que los políticos podrían no haber aceptado y el sistema capitalista se podría haber refundado, etcétera, etcétera y bla, bla, bla. Pero no lo han hecho. El triste espectáculo de la reforma de la Constitución que nos brindaron el otro día los protagonistas del bipartidismo de facto español lo confirma: han sido ellos. Y al otro lado de los bancos (porque ellos, en el fondo, tampoco gobiernan), están los otros, dicen que unas 126.000 familias en el mundo. Perfecta simetría.

De todas formas, hay un elemento interesante, y es que de forma casi imperceptible, comienzan a confrontarse simbólicamente las economías de modelo agotado y aquellas de “pues a mí todavía me dura”. Estaría bien saber cuánta vida molecular le queda a los ejemplares que aún resisten. No hay que ser un lince para comprender que a China le queda mucho uso (de hecho, aún tiene en vigor la garantía), pero ¿cuánto aguantarán los últimos países europeos que no están en la lista negra? Otra buena pregunta es: ¿morirá el virus cuando no queden portadores?

Hablando en términos menos metafóricos, no se puede blindar un sistema, la historia lo explica bien, pero Europa está gobernada por abogados y economistas, poco dados a la historia, en general.

Ese es otro dato transparente: la mayoría de los individuos que forman los gobiernos europeos son abogados y economistas, y las reformas exprés de las constituciones nacionales son, ante todo, acciones de tipo jurídico-económico.Debe ser que nuestra sociedad es jurídico-económica…

La ley rige nuestro comportamiento y nuestra cultura es la economía.

¿Somos una valiente sociedad avanzada, puesto que la ley y la economía son cosas transformables, mejorables y rectificables y están preparadas para delimitar sus legitimidades y mostrar las bondades de sus eclipses? Pues la verdad es que no: ¡resulta más sencillo cambiar el horario solar por otro, que modificar la ley o las dinámicas de la economía en función de las necesidades del propio sistema! A menos que realmente lo que suceda es que la diferencia entre siete mil millones y 126.000 no sea parte efectiva y expectativa del sistema y el sistema se autorregule al margen de las necesidades de la mayoría, cosa altamente posible.

¡Cuánto hemos avanzado en círculo!

Al avanzar siempre en círculo, no hay espacio para mucho más. Por ello, quizá podría ser recordado como La Era de la Asfixia. Pero me gusta más la del Remordimiento.

(Cuando Gorbachov dijo que Occidente también algún día tendría que hacer su perestroika quizá se refería a ésto, no iba más lejos).

De paso, compruebo que es precisamente mi generación la que ha perpetrado los definitivos desmanes de este lamentable 2010 y ha tenido la oportunidad de efectuar una violación técnica del histórico consenso constitucional (no me refiero entre los partidos, que también, sino entre los partidos y los propios ciudadanos), cosa que ha hecho sin dudar, como si se tratase de aplicar la política de tierra quemada, esta vez espiritual.

Ello me produce diversos síntomas. Si me siento constitucionalista, europeísta, consumidor de política y miembro de mi generación, experimento desorientación, sudor tibio, aceleración del pulso… También me dan ganas de pedir perdón en nombre de todos, pero mis amigos me disuaden. Ah, y también me pasa que, coma lo que coma, me sabe siempre a pollo con patatas fritas.

Si no me siento así, que es muy a menudo, adquiero la certeza de que esto es una gigantesca alucinación colectiva y me relajo, pudiendo distinguir el sabor de las cosas y entregarme al único entrenamiento verdaderamente eficaz: la lectura. Entonces, en los textos dadá, surrealistas, libertarios, situacionistas y punk encuentro cierta luz. Pero las crisis aparecen cuando menos se espera, y te descubres releyendo compulsivamente a Philip K. Dick hasta conseguir recuperar la conciencia plástica de la existencia del SISTEMA y regresar a las pautas de la narcosis social desde una posición exquisitamente hipocondríaca, espiritual y no dada a la frivolidad. Ello debe hacerse en frío, dos horas antes de ir a dormir y se recomienda acompañarlo con la lectura fragmentada de libros de ensayo (a poder ser científico).

Como mis amigos no me dejan, no voy a pedir perdón en nombre de mi generación, pero quiero dar las gracias a todos los demás por haber elegido este fascinante espectáculo titulado “El momento estelar de una generación”. Diseñado con los más modernos medios escenográficos y audiovisuales. No defraudará ni a grandes ni a chicos. Vean cómo una generación entra en combustión. Asistan a algunos de los más renombrados ejercicios mundiales de que por culpa del pelota de la clase se queden todos sin recreo. No lo duden, reserven ya sus entradas.

– Todos somos responsables -dice un actor secundario. (Risas del público)

– Hay que sentir mucha culpa personal para emprender el descuartizamiento de tus coetáneos -responde nadie. (El público se levanta y se va a fumar a la calle)

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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§ Una respuesta a Cápsulas Entrañablemente Generacionales: 1. El momento estelar.

  • en Girbén dice:

    De la nostra generació era aquell apòstol del “decreixement” al que vaig sentir renegar de les retallades. Però home, si ens estan “desexcutant” pel bé comú!

    Ja saps la meva mirada: ” (el mundo) nuestro dueño antaño y recientemente nuestro esclavo, en qualquier caso, siempre nuestro anfitrión y ahora nuestro simbionte.
    Así pues, ¡retorno a la naturaleza! Esto significa: añadir al contrato exclusivamente social el establecimiento de un contrato natural de simbiosis y de reciprocidad, en el que nuestra relación con las cosas abandonaría dominio y posesión por escucha admirativa, la reciprocidad, la contemplación y el respeto, en el que el conocimiento ya no supondría la propiedad, ni la acción el dominio, ni estas sus resultados o condiciones estercolares.
    Contrato de armisticio en la guerra objetiva, contrato de simbiosis: el simbionte admite el derecho del anfitrión, mientras que el paràsito -nuestro estatuto actual- condena a muerte a aquel que saquea y que habita sin tomar consciencia de que en un plazo determinado él mismo se condena a desaparecer.” El Contrato Natural, Michel Serres (Pre-textos, 1991)

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