Cápsulas Entrañablemente Generacionales: 2. De la combustión y la significancia.

14 septiembre, 2011 § Deja un comentario

Expresiones significantes de combustión espontánea.

(viene del capítulo anterior)

Una vez el público ha salido a fumar, el actor secundario interpela a nadie:

– “emprender el descuartizamiento de tus coetáneos” es una frase muy turbadora…

– Bueno, era una manera de hablar -dice nadie-, es partir en cuatro partes, es la búsqueda de los elementos primordiales que decide, sin saberlo, el asesino, el número que rige la mayoría de las banderas y la forma básica de reconocimiento de la geografía… una forma de expresar la idea de desmembramiento que sugieren millones de personas intentando comportarse de forma natural en un contexto artificial. Teniendo que separar, no lo bueno de lo malo, sino lo colectivo de lo ajeno.

– Pero no es la primera generación que entra en combustión…

– Ni la última. No lo hicieron todas, las grandes guerras mundiales y locales del siglo XX dejaron a algunas generaciones  convertidas en ceniza volcánica mucho antes de que el ímpetu de la sangre y el ansia de poder les acometieran. En la guerra fría empezó la cosa de las combustiones generacionales más o menos a su velocidad normal hasta que la del 65 entró prematuramente  en combustión. Ciertamente, existe un peligro real de que también la generación nacida alrededor de 1976 entre en combustión espontánea y, por tanto, se avance a su línea de extinción conceptual en unos cuantos años.

– La llamada “generación indie”.

– Ni más ni menos. Pero antes darán buenos hijos al Estado. Después lucharán por asegurar el estatus de sus hijos. Están decididos, y no olvidemos que, como dice el profesor Baxter en el libro de Hergé Objetivo la Luna: “…este audaz golpe de mano nos prueba que todas las medidas de vigilancia no constituyen obstáculo alguno para los hombres decididos.”

– Esto aún es más turbador.

– Sin duda, pero no hay que alarmarse, existe la autorregulación y un montón más de cosas similares. Las generaciones están normalmente atrapadas en una especie de escalafón vital… tal como mandan, acaban desmandando.

– Desmandándose.

– Quizás. Pero lo normal es que se recojan y se eclipsen y se diluyan para transmitirse, ya recogidas, eclipsadas y diluídas, a la siguiente (o, lo que es más común, a la segunda posterior). A menos que hayan producido una semántica nueva. En tal caso, suelen durar un poco más. Lo justo.

– Feo, feo, no es.

– Es verdad, tiene un punto entrañable. Es nuestra parte animal: no hay animal fatalista y tampoco se conoce ninguna especie en la que hagan el menor caso a los vencidos. Es cosa que nos dignifica en la naturaleza: nuestra relevabilidad -que no irrelevancia- masiva. Así, mientras nos sobreviven los monumentos e incluso cualquier alicatado de cuarto de baño, la especie humana se legitima al comprobar que sus oleadas son tan efímeras como las líneas sucesorias en las manadas de suricatas. Nada es para siempre y, por tanto, siempre no sirve para nada. Por eso se repite la historia aunque no se repita y por eso, también, nos siguen pareciendo fascinantes los animales.

– No cabe duda que el argumento está fundamentado y la pincelada poética queda muy bien integrada.

– Es lo más divertido de los diálogos como recurso literario: puedes poner los dos hemisferios a trabajar juntos. O a dos personajes, o a dos lo que sea. Puedo atreverme también con triálogos y cuadriálogos. Por ejemplo:

– Sï.

– No.

– Parad de discutir.

– A mí me divierte.

Se distinguen aquí cuatro pesonajes que tienen diferentes puntos de vista sobre algún tipo de tema que se le escapa al lector.

Ahora veamos el diàlogo desde las frases inmediatamente anteriores:

– Fueron ellos.

– No fueron ellos.

– Sí.

– No.

– Parad de discutir.

– A mí me divierte.

Ahora los interlocutores han quedado difuminados, resulta confuso saber quién ha dicho qué, tenemos seis frases para cuatro voces. Tendríamos que remontarnos hasta un poco antes y tendríamos una parte mayor de la conversación:

– Los perritos de las praderas inventaron la vigilancia.

– Bah, eso es un tópico.

– Fueron ellos.

– No fueron ellos.

– Sí.

– No.

– Parad de discutir.

– A mí me divierte.

Vemos ahora que, de los cuatro personajes, uno afirma divertirse, aunque es probable que se diviertan los cuatro, cada uno a su manera. Está claro que dos discuten y un tercero se manifiesta contrario a que lo sigan haciendo. El cuarto, ya lo hemos visto, le encuentra un aliciente.

¿Cuál es el psicópata?

Vaya usted a saber. Hoy en día los psicópatas empiezan a resultar menos peligrosos que las agencias de calificación de la deuda, así que no se preocupe. Ah,  y procure evitar los campos de acción del terrorismo económico, es decir su vida cotidiana. Haga cosas inesperadas, camine distinto, embadúrnese de arcilla para manualidades, hable a los gatos como si fueran perros, cambie constantemente de dirección, sea reluctante . Sea ignífugo.

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