El resto no sirve casi para nada.

18 octubre, 2011 § 2 comentarios

olé

Intervención sobre la señalización del apeadero de Colera. Autor anónimo. Fotografiada el 22 de agosto de 2011.

Fui al concierto de Perucho’s el 15 de octubre que, si descartamos la breve intervención del día de la presentación de la reedición del disco original en la Casa Almirall hace unos meses, es su primer concierto en por lo menos treinta años. Fue un concierto delicioso, íntegro y absolutamente cierto. Estos Perucho’s comparten con los que yo escuché en los setenta esa misma integridad y certeza. La música habla por sí misma y lo que dice no es fruto de ninguna elucubración. Es sincero y claro. Un intenso trabajo sobre la forma. Fue un lujo, vamos. Claro, no eran los Perucho’s freenéticos de las Jornadas Libertarias, pero tampoco el Heliogàbal es ni siquiera lo que fue hace mucho menos, así que la indignación había sido antes, en la manifestación, y este colofón igual venía al pelo, porque música tan cierta como sincera, es real, y la realidad que vivimos estos días (quiero decir la alucinación colectiva ahora mismo en boga) no tanto. Aquí se trataba más bien de indagación. Y bien, una vez puestos en ello, a unos días de distancia, el concierto de Perucho’s me sigue reviniendo, que se dice (que tengo flash-backs del concierto, vaya), con lo que se me han activado ciertos inductores y me han llevado a pensar cosas.

Cosa 1: ¿Qué coño ha estado haciendo esta generación entre los 40 y los 50?

Respuesta a la cosa 1: Si todo va normal y explotas en la adolescencia, cuando llegas a los 40 te cansas lo justo para pensar en control y poder y montarte una vida (sea cual sea, da igual, no estoy hablando de triunfar en la vida). En la mayoría de los casos, no se sabe porqué, significa dejar de hacer lo que estabas haciendo para hacer otra cosa, a veces muy parecida. Puede ser también para montar una familia, o un negocio o para cambiar de amistades, de ciudad o de país. Una vez superada la dècada de control y poder, parece ser que todos volvemos (si podemos) a aquello que habíamos dejado a medio hacer. No estoy hablando de Perucho’s, aunque creo que entran en la clasificación, sino de Macromassa mismo, que entre 1997 y 2009 anduvimos también explorando esos inciertos años de la vida de un ejemplar masculino del género humano en la civilización occidental que van desde los cuarenta hasta los cincuenta, más o menos.

Un importante efecto colateral del fenómeno es que bastantes miembros de esta generación se han instalado en control y poder sobre los demás y con vistas al futuro (en todas las generaciones pasa), sin la menor intención de recordarse a sí mismos. Bueno, qué le vamos a hacer. Hoy he leído que el gobierno balear acordó retirar la gratuidad de los pañales para disminuidos menores de edad. Estoy convencido de que esta gran medida de austeridad no sólo ayudará a enjugar el déficit de la institución pública sino que irá acompañada de una campaña de concienciación sobre las bondades de confeccionar en casa con sábanas viejas pañales lavables. También me entero, con estupor, que los concejales del Ayuntamiento de Barcelona renuncian a una paga extra, pero no para aligerar la deuda de la institución sino para darla en caridad, como si fuese un acto de solidaridad. Pero… ¿no nos han dicho que falta dinero allí?  ¡Pues rebajen esa paga de nuestros impuestos, y les estaremos eternamente agradecidos!

En fin, que esa gente nació más o menos entre 1956 y 1965. Es lo que más abunda en esa zona de poder sin cursiva.

Cosa 2: ¿Hay una conexión estupenda entre los supervivientes autónomos de mi generación y aquellos que nacieron alrededor de 1977 y 1986?

Respuesta a la cosa 2: Sí, la hay. Tres generaciones muy bien avenidas. ¿Qué pasará cuando los del 77 y los del 86 entren en control y poder? No tenemos ni idea, ni unos ni otros, aunque los del 77 empiezan a intuírlo.

A veces me pregunto qué hubiera pasado si grupos como Perucho’s o Macromassa no hubiéramos parado tantos años y hubiéramos seguido tocando las narices. Todos hicimos muchas cosas por el camino, aunque en general no han trascendido tanto como los proyectos originales, quizá por algún extraño azar esos nombres quedaron grabados en la memoria adquirida por las generaciones posteriores. Ni idea. La verdad es que a mí me sienta muy bien volver a tocar y componer con Macromassa y aunque no me arrepiento de ninguna de mis andanzas durante esa década, sí que tengo la sensación de que había quedado algo por hacer. Para empezar, entender lo que habíamos hecho, cómo y por qué, que no es tan fácil. Os lo recomiendo a todos para cuando salgáis de control y poder. Seguro que de pronto recordaréis haber dejado alguna cosa a medias. No hay nada más fascinante que entenderse a sí mismo, en el tiempo y el espacio. Sólo así el mundo es un libro abierto. De verdad, el resto no sirve casi para nada.

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§ 2 respuestas a El resto no sirve casi para nada.

  • Victor Nubla dice:

    La vida de un grupo de música no suele exceder de los 20 años y en la mayoría de los casos es muchísimo más corta. El grupo muere porque ya no tiene nada más que decir. Los grupos, como los perros o los gatos, viven menos años que una persona.
    A veces, se “resucita” un grupo, pero esa segunda vida no aporta nada a su legado. Aunque también puede pasar (poco) que un grupo no resucite, sino que continúe allá donde paró por razones x y siga su evolución, interrumpida; en ese caso quiere decir que no estaba muerto, que estaba de parranda (es decir, que sus miembros se encontraban, por ejemplo, librando sus batallas en control y poder). Mi post venía a querer decir eso. Al menos esa es la sensación que tengo trabajando de nuevo con Macromassa.

  • eva dice:

    Creo, definitivamente, que las mujeres entramos en control y poder antes, quizás por el reloj biológico…, o quizás porque tenemos más fácil, generalmente, el tema de follar. Cuánto adverbio… Yo tengo cuarenta años y estoy deseando dejar de intentar controlar mi vida, porque no sirve para nada. Es una ilusión. Una duda: ¿de verdad crees que alguna vez se dejan de tener cosas a medio hacer? Siempre queda algo pendiente… La vida está pendiente.

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