Viajar en el tiempo

15 diciembre, 2011 § Deja un comentario

Esta es la foto que hice. Intenten encontrar al pistolero.

Cuando algo se nos mete en la cabeza, cuesta mucho quitárselo. Si nos fiamos de los sentidos, aún más. Ahí nace la imaginación, muy reacia al empirismo. Por ejemplo, recibimos del telescopio Hubble una imagen de un planeta quizá habitable, a sesenta años luz: lo que estamos viendo es algo que existía hace sesenta años. Así que, aunque lo veamos, hemos de mantener el esfuerzo de imaginarnos que aún existe, cosa fácil, por otra parte. ¿Y si hace 59 años fue alcanzado por un cometa y se fue al carajo? Sin embargo, la sensación de realidad es total. Como si pensaras hoy en alguien que conoces y mañana te dijeran que murió hace una semana.

Hay una forma muy sencilla de viajar en el tiempo: mírese en un espejo. La imagen que le devuelve reflejada es más antigua que el momento en que la está viendo, justo el tiempo que ha tardado la luz en devolver el reflejo. Es una fracción ínfima, ya que la luz va a 300000 km por segundo y usted está solamente a 50 cm del espejo, pero es, en cualquier caso, anterior. Ese que ve usted en el espejo ya no es usted.

Nuestra imagen del mundo sufre a menudo retrasos y acabamos viviendo un mundo que necesitamos imaginar, aunque quizá ni siquiera exista ya. Las grandes teorías de las ciencias no exactas se han forjado así. Es lo que llamamos ciencias humanas: las que tratan de sistematizar la imaginación: historia, psicología, sociología, periodismo… Por otra parte, tenemos a la gran hechicera: la filosofía que, como nunca ha sido sistemática ni imaginativa, está justo en el mismo sitio que aquellos que persiguen el bosón de Higgs. Por otra parte, es tan humana como las matemáticas o la física, que se relacionan bastante con la naturaleza.

No nos olvidemos de las ciencias o artes de la imaginación: liberados del compromiso tàcito de dar por hecho que las cosas existen, hayan existido antes o no, afirmamos que existe aquello que decidimos, sin más problemas o, al menos, sin más explicaciones. Podemos crearlo. Otra cosa es que sepamos hacer algo con ello. Aquí podrían estar los artistas. El punk, por ejemplo. Sí, la teología, aunque se acerca bastante a este enunciado, no hace mucho al respecto, sea lo que sea. No especula = no se refleja, no se ocupa del tiempo.

Juzguen ahora, desde la disciplina que quieran, una experiencia de viaje en el tiempo:

Siempre me ha fascinado Blow Up, esa película de Antonioni que tiene una estructura psicodélica perfecta. Creo que es la película que he visto más veces. Un fotógrafo está haciendo tiempo en un parque, pues ha ido a comprar una hélice a un anticuario. Paseando por el parque ve a una pareja y les hace unas fotos. La chica lo ve y trata de arrebatarle la cámara. El fotógrafo se escapa. Va a su estudio y amplia las fotos hasta distinguir entre la masa arbórea del parque el borroso reflejo de un hombre armado. Vuelve al lugar de noche y allí está el cadáver del tipo que estaba con la chica. Al final de la película le habrán robado las fotos, los negativos, habrá desaparecido el cadáver y algunos de sus amigos. Lo que les quería contar es que hace unos años la pasaron en un cine de Barcelona y me fuí con Fran Jurado y Carol Garsaball a verla una vez más. Esa vez me llevé una cámara. Hice clic en mi disparador al mismo tiempo que el protagonista en la escena del parque. Se lo puedo asegurar, simultáneamente, sin posibilidad de error. Y luego, en casa, amplié la fotografía y busqué al señor de la pistola. ¡Pero no estaba! ¡No estaba allí!

Ya pueden imaginarse, yo en mi estudio, tratando de emular al prota de la peli con el photoshop, y llevándome, como él, una sorpresa mayúscula, pero de signo totalmente contrario. En mi ampliación no había asesino, ni arma ni nada, luego, no tendría la menor opción de ser acosado por Vanessa Redgrave ni encontrarme en un concierto de los Yardbirds, ni siquiera ir a una fiesta de ácido organizada por mi mánager. Claro que antes no había hecho ninguna sesión de fotos con Twiggy ni me había revolcado con Jane Birkin por un plató. Tampoco tengo ningún vecino que haga pintura abstracta y a la vez hiperrealista. Me había gastado unos euros en hacer aquella foto, pagando la entrada del cine, pero no había ido a comprar una hélice en un coche deportivo descapotable. En mi Blow Up no había hélice ni asesino ni cadáver a la luz de la luna.

El cine y la literatura, quizá otras artes, pueden llegar a expresar la consistencia esencialmente lunar de nuestra existencia. El reflejo con que alimentamos nuestra certeza al hablarnos de nosotros. Cómo enloquecemos con, por y sobre el tiempo, sencillamente, gracias a los sentidos y la imaginación.

A mí me fascina la paradoja de que la foto que hice en el cine no puede ser la misma foto que hace el fotógrafo en la película, puesto que no hay pistolero en la ampliación, por lo que no puede ser una foto de la película, ya que en ésta sí que queda claro que hay un pistolero. La película miente, o mi foto, o ambas.

Anuncios

Etiquetado:, , , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Viajar en el tiempo en Conócete a mí mismo.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: