Ganga: la diversión geológica

3 abril, 2012 § 3 comentarios

Cosas que flotan agarradas por un hilo son muy apreciadas, a refugio de la lluvia, en las fiestas populares. (Gràcia, 15 de agosto de 2002)

En mi tierra sobran tradiciones. Sobra nostalgia de tiempos que no se han vivido jamás. Eso produce una melancolía obscena. Como la humedad propicia el reuma.

Barrios industriales que celebran fiestas medievales, tratamientos de otros tiempos a gobernantes de ahora, ritos convertidos en rituales y una incomprensible obsesión por recuperar pasados imaginarios hasta el extremo de promover romerías insensatas por las calles y reparto de elementos cohesionantes basados en un mal gusto general y aturdido. El mítico pasado rural se manifiesta una y otra vez en este mundo perifrástico mientras nadie aparenta recordar el orígen nómada grabado a fuego en nuestro miedo a no tener un cubículo, un lugar donde meterse, un piso, una cueva, un keo donde pasar la noche, aunque precisa del otro lugar, para ser nómada, sin saberlo: el coche.

Mientras tanto, erasmus enloquecidos celebran la cosecha en Barcelona, una ciudad en la que no crece ni la hierba, los beatos ricos compran gambas para no tener que comer carne en viernes de Cuaresma, los hoteleros condenan a los meteorólogos y todos celebran la Inmaculada Constitución como una sola fiesta, una única y definitiva celebración del galimatías. Son ejemplos. Por nuestra parte, somos sentido, no lo tenemos.

El catálogo cultural contemporáneo de acceso festivo inmediato es un infame batiburrillo de manías y recursos pobremente inspirados y salvajemente erróneos, administrados por ciudadanos totalmente desinteresados por su realidad.

Esta basura es lo que deberíamos soltar. Estamos transportando al futuro pecios culturales que suponen un injusto lastre.

El código es legión ¡Basta ya! Dionisos no está entre nosotros. Se manifestó un día pero no supo encontrar dónde se celebraba la rave, anduvo buscando y preguntando pero su tiempo en la tierra se agotaba y tuvo que regresar, dada la imprecisión de las invocaciones. Algunas incluso le llegaron como spam y no tuvo conocimiento de ellas hasta mucho después de aquel episodio. Pero la cosa no quedó aquí, ya que presentó una reclamación en el Olimpo que las ninfas de la lluvia tramitaron diligentemente. Dicha reclamación pende ahora sobre la Humanidad y celebrar que se celebra está considerado una estupidez del más alto nivel de peligrosidad.

Como decía un viejo amigo mío: cuando uno se aburre, tiene que descansar de divertirse.

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