Fecunda absorción reductiva

19 junio, 2012 § 1 comentario

La Linophryne Indica, una monogamia sorprendente.

Hace unos meses aprendí ciertas cosas sobre la vida de la Linophryne Indica. Se trata de un pez cuya complicada existencia transcurre en aguas abisales, es decir, en el fondo del mar, donde no llega la luz. Cuando empezó a estudiarse esta especie, los biólogos sólo se encontraban con ejemplares hembra, lo cual creó cierta expectación en el ámbito científico. También descubrieron con bastante frecuencia que los ejemplares estudiados, cuyo tamaño medio es de unos 23 cm, solían ir acompañados de un parásito, de apenas 5 cm de largo. Tiempo después descubrieron que el supuesto parásito no es más que el macho de la especie y más tarde pudieron describir su sorprendente ciclo reproductivo. La hembra libera las huevas en el mar y cuando las larvas ya nadan libremente, los machos deben localizar cuanto antes una hembra adulta, gracias a su olfato extremadamente sensible que les permite detectar las feromonas de la hembra, morderla en un flanco y segregar una enzima que digiere su piel, comenzando así un proceso en el que primero se unen sus respectivos vasos sanguíneos y luego el macho se va atrofiando hasta perder su aparato digestivo, luego el cerebro, después el corazón y los ojos, hasta quedar reducido a un par de gónadas. A partir de ahí, los restos del macho adherido siguen preparados para segregar esperma en respuesta a las hormonas de la hembra e inocularlo cuando hay un óvulo que fecundar. Ya no se separarán más. No sólo eso, sino que poco a poco, el macho se irá integrando en el cuerpo de ella hasta desaparecer. Es sorprendente el dimorfismo sexual de Linophryne, el macho acaba compartiendo su destino con la hembra, fusionándose con su cuerpo y desapareciendo en él. La naturaleza aplica un principio de economía: tal como tiene que desenvolverse la Linophryne en los fondos abisales, escasos en alimento y apenas sin visibilidad, contar con el macho de la forma en que lo hace, le permite tenerlo siempre listo para fecundar. De la historia de Linophryne  no se puede extraer ninguna moraleja, ni analogía ni nada humano que nos permita fabular con animales, cosa que siempre intentamos con no demasiado éxito. La vida transcurre de una forma tan distinta en las profundidades submarinas que, por lo que a nosotros respecta, podría tratarse de vida extraterrestre. A lo sumo, esta historia podría ilustrar lo que sucede con ciertas ideas ajenas que se agarran fuertemente a nuestro pensamiento y lo fecundan, para integrarse posteriormente en él. Metáfora inversa de la Unión Europea y el destino de sus fecundos y atróficos socios del sur. Europa, la merluza abisal privada de la luz de un futuro que ya casi no es occidental. Europa, la de la Digna Usura y la Absorción. La que sobrevive sin labios en un mundo submarino y llegó a creer que el petróleo se pagaría en euros. La hembra beta de la política internacional, la tirana y mala hermana, tan perfecta como Linophryne y tan poco cordial como siempre lo fue. Aunque agarrados con los dientes hasta ahora a las ubres de la Linophryne capitolina, los hijos adoptados del sur (que antaño adoptaron a los bárbaros del norte sobre la vaga idea de una Europa pensada de manera mediterránea, a pesar de que no se lavaban y aceptaban rata como animal de compañía) se enfrentan a un único destino de consanguinidad y disolución. Mordamos, fundámonos y perezcamos en los fondos abisales de un mar sin mar, dormido en la profundidad involutiva de la verdadera pereza centroeuropea y apostemos deportivamente por las gestas de quijotes con barbas luchando contra sures (y nortes) que son el nuestro. Sólo así existirán las cosas dobles y la confusión reinará en el tiempo. Lejos (para siempre) quedarán la Escuela de Traductores de Toledo, las comunas libertarias de Aragón o la sabiduría de Ibn Arabí, que probablemente se lavaba cada día y escribió:

Yo soy quien ama y aquel a quien yo amo. Este es el límite del amor espiritual bajo forma material.

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