Joan Saura, una lección esencial

23 octubre, 2012 § 3 comentarios

El hombre que hacía felices a los demás

El viernes pasado murió Joan Saura. Desde la tarde de ese día hasta el domingo, conforme la noticia fue corriendo de boca en boca, se iban desactivando en decenas de personas, todos aquellos que lo conocíamos, quizá más de cien en esta ciudad y tantos en tantas otras, esa atención cotidiana que presta cada uno a sus cosas y la sensación de continuidad que todo ser humano necesita para resistir,  y nos hemos ido sumiendo poco a poco en el ralentí de la tristeza. El tiempo se ha parado un poco y, como decía Roc Jiménez, ahora Barcelona es un poco más pequeña.

Para mí (¡y para tantos!) Joan Saura ha sido una persona importante en la vida. En la música, como en las relaciones, sabía estar y no estar, proponer o aceptar; miraba a los ojos y transmitía siempre la alegría de encontrarse frente a un ser humano. Siempre había optimismo y franqueza en su mirada, también amor. El suyo era un mundo interior que emanaba y transmitía, que te alcanzaba y te hacía sentir bien. Apreciaba a las personas y por eso, quizá sin esforzarse, las hacía felices.

Además de ser uno de los músicos más completos, sugerentes y sorprendentes que he conocido, ha sido un compañero de viaje esencial en algunos momentos de mi carrera artística y un compañero de viajes con quien me lo he pasado muy bien. Ahora me viene el recuerdo del 21 de septiembre de 1998, cuando fuimos a tocar con la European Improvisors Orchestra a Varsovia y ambos acabamos comiendo perca del Vístula en el hotel mientras se celebraba un baile de jubilados. El pescado era fangoso y la música del teclado electrónico sonaba totalmente extraterrestre. Nos reímos de lo lindo.

En fin, Joan disfrutaba de la la vida, de las personas, de la música y esa gran familia de la que en alguna medida me siento parte, disfrutábamos de él. Así que no es más que una enorme putada que su tiempo se haya acabado tan pronto.

Antes de que muchos hayamos podido llegar a ser así de radiantes, Joan ya no está.

Sigamos, en pos de cualesquiera de los finales que nos estén reservados previo pago mediante tarjeta de crédito de la propia vida. Pero si el final depende de qué hacemos cuando estamos vivos, la humanidad, la generosidad y la humildad de Joan Saura debería ser una guía para poder morir en paz. Como fue maestro en vida lo ha sido en su traspaso. Desde este mundo fenomenológico, no se puede entender más. Descansa, buen amigo, sigues siendo nuestra inspiración.

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