Años y días y cosas

1 enero, 2013 § Deja un comentario

Tigre de Sumatra (2004)

Tigre bebiendo agua (2004)

Como es bien sabido, cuando el año gregoriano termina, empieza otro, que también es gregoriano ya que de ello depende su existencia como año. Contiene días (no todos los años los mismos) y los años están llenos de meses, semanas, horas, milisegundos y croquetas. He comprobado que todos los años contienen croquetas en mayor o menor medida. También hay una extraordinaria cantidad de ondas sinusoidales audibles cada año, invariablemente. Es decir, las ondas sinusoidales van cambiando de frecuencia, pero siempre vienen a ser el mismo número de ondas sinusoidales por año. Son ondas sinusoidales estables. Respetuosas del sistema gregoriano y de sus ciclos. Las ondas sinusoidales aman los ciclos.

También en estos cambios de año tan previstos, tan esperados e incluso interpelados, suelen ser muy comunes las expresiones de cordialidad. Las personas se congratulan de ser personas en un mundo de personas en lugar de ser prisioneros de los Domesticadores Salvajes de Alfa Centauri y estar gruñendo en una jaula junto a un tigre uraniano de tres patas. Todos se abrazan y se desean algo muy grande para el día siguiente. Me pregunto qué pasaría si hicieran ese esfuezo a diario pero se me lleva del brazo un tigre betelgeusiano de seis patas y me invita a un gin-tonic en un sitio verdaderamente especial: la Cúpula Ultra-VIP de la Gran Pirámide Oblícua de la la Civilización Occidental. Allí sentados, entretenidos con lo nuestro e interrumpidos por el atento servicio del club, la verdad es que nos ausentamos un poco del mundo y de todas esas cosas relacionadas con él, como la extinción de las ranas.

– ¿No te parece que si llevan aquí tantos millones de años ya es hora de que desaparezcan los reptiles y los batracios y toda esa gente fastidiosa? -Me dice mi compañero de mesa.

– Estamos aquí para olvidarnos de esas cosas -respondo.

– Ah, claro, es verdad -accede.

Entonces, desde la pirámide del mundo moderno y avanzado, desde la catedral de los esfuerzos y la esperanza, esa construcción que a pesar de su altura establece el diálogo con los moribundos, brindamos por la Humanidad y los animales con alma, por el papa de las iglesias y el saco del hombre malo, donde guarda la bondad por los años de los años.

Pero la estancia en la pirámide es breve, tanta gente quiere estar… Nos vamos a otro sitio, pero pierdo a mi compañero de viaje durante un encontronazo con la policía de fronteras. Después pierdo a la policía de fronteras en un encontronazo con mi compañero de viaje que se ha convertido en una fría lápida de emoción contenida. Sufragada. Pienso en desertar, pero decido decretar una amnistía. Perdono a todo el Mundo. Incluso a aquellos que ni conozco ni conoceré jamás. Invoco el perdón universal y me sueno los mocos. Me considero genial y no tengo otro camino que alcanzar, si no es…

…la Superfiesta de los Genios.

Está a tope. No cabe ni un alma, dicho sea de paso. Se me acerca un genio de clase Genio y me comenta que en la cocina están intentando hacer un batido con unos amigos suyos que venían a ver si conocían por fin a alguien que valiera la pena. Le comento que el batido de amigo suyo no tengo ni idea de a qué sabe y me explica que en realidad todo esto tenía que pasar por que hay unos vigilantes que han decidido que todo es culpa de los humanos y que bastante se va haciendo con el tema. Le digo:

– Estamos aquí para olvidarnos de esas cosas.

Se va.

He dado dos vueltas sobre mí mismo y ya estoy en otro sitio. Esto es la bomba.

Los Vigilantes me interpelan:

– ¿Sientes una verdadera empatía por el género humano? ¿Puedes echar una mano?

Y me digo: ¿Siendo yo lo que soy, cómo voy a echar una mano a quien se le va de la mano el tema del género humano?

Entonces me siento trasladado (de una forma poco delicada, todo hay que decirlo) al Gran Encuentro Interestelar de Políticos con Sistema Digestivo. Me digo a mí mismo que aquello no es lo mío, pero acepto una copa de cava, e incluso una conversación o dos, pero no sé cómo, la cabeza me da vueltas y las voces resuenan hasta hacerse incomprensibles, pierdo la noción del tiempo, me encuentro en una encrucijada que me recuerda vagamente a mi vida, a pesar de los eslogans que me advierten de mi universalidad en las causas y mi imprescindibilidad en los fines, soy otro a quien no conozco pero soy todos (a quien, por cierto, aún conozco menos). Soy la causa y el fin de la acción de los demás, desdeñable desde el punto de vista de la atención individual, apreciable en la medida en que soy productivo.

Materia de los humanos son los humanos, lamentablemente. En este horno se cuecen ellos mismos y se lanzan unos a otros a través del espacio. Arden la Humanidad y el escribir, y es fin de año. ¡Qué hermoso paisaje! Montañas que dirías liebres y caminos como serpientes. ¡Fiebre! Ya han llegado varios enfermos. Todos se quejan de dolencias y ¡fiebre! Sudan febrilmente en otras cosas. Debe ser eso.

Mientras tanto…

Un perrito blanco está muy triste por que:

1. no es el yak blanco

2. tampoco es el canguro blanco que arranca

3. no es una pitón albina

4. no es un amanecer de invierno

– ¡Lucha! -le decimos.

– ¡Guau! – dice él.

Y de pronto me siento transportado al Superestrato Sublime de Concatenación Espaciotemporal Multiefectivo. En él se va un poco a la deriva, no hay una cosa a la que se le pueda llamar propiamente “suelo”, pero una vez uno se acostumbra, incluso se podría caminar, aunque como no hay apenas espacio y todo lo ocupa la pantalla, hay que fijarse en ella, que va aportando confidencias:

OCHO MINUTOS PARA LA IMPLOSIÓN

o:

PÉRDIDA DE ENERGÍA EN LAS TURBINAS LATERALES

y también:

EL OBSERVADOR DEPENDE DEL FENÓMENO

Es en ese momento (y no en otro) cuando me siento absolutamente bien, mal, a medias e incluso marsupial, sin que nadie se lleve las manos a la cabeza y luego no sepa cómo volvérselas a traer.

Descubierto el esfínter del mundo y por qué las cosas pasan en ese orden tan insólito, el resto debería ser cosa de cada uno, no vayamos a confundir la felicidad con la mostaza.

posdata:

Andaba yo el otro día por el nivel 28 cuando alguien me dijo: ¿eh, nos hemos visto en alguna parte? Y le respondí:

– Sí.

Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?
In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare seize the fire?
And what shoulder and what art
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand and what dread feet?
What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? What dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?
When the stars threw down their spears,
And water’d heaven with their tears,
Did He smile His work to see?
Did He who made the lamb make thee?
Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?

(Dijo William Blake, que también andaba por allí)

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