Los recuerdos sagrados

23 marzo, 2013 § Deja un comentario

La flauta que estaba haciendo Rafael en junio de 1977

La flauta que estaba haciendo Rafael en junio de 1977

Había un prado que reverdecía y brillaba con los rayos oblicuos de un sol que se acostaba poco a poco en lo que muchos creyeron su cama, cuando no es más que un pluriempleo: ahora iluminar un hemisferio, ahora el contrario. El prado, como he dicho, verdeaba. Y reflejaba el crepúsculo con destellos esmeralda y reflejos dorados. Algunos detalles de rojo rotundo remarcaban la locura de las volátiles amapolas y otros de ocre oxidado extraían de la tierra, oculta bajo la alfombra de hierba, la circunspección del metal. Un hombre que conducía un tractor en miniatura que arrastraba un remolque descubierto en el que unos niños excitados gritaban y saltaban, llegó hasta el lugar y paró el motor. Cuando cesó el ruido, todos callaron y el hombre bajó del tractor, los niños saltaron a tierra y dos perros vinieron a recibirles. Uno era grande y torpe, canelo, dentudo y tontón. Su trabajo era hacer pensar a los zorros y a los lobos. Debían calibrar su envergadura y calcular su peligrosidad (que eran inversamente proporcionales, cosa que, afortunadamente, no sabían ni los lobos ni los zorros, ya que ladraba con cavernosa convicción). El otro can era una perra peluda en blanco y negro y de discreto tamaño, que temblaba de emoción moviéndose de un lado a otro. El hombre se sentó sobre una gran piedra, frente al corral vacío, y lió un cigarro, lo encendió y permaneció en silencio, con una navaja que sacó del bolsillo hurgaba en un tubo de madera. Los niños se sentaron por el suelo, acariciaban a los perros y cuchicheaban entre ellos. El hombre exhaló el humo y se incorporó. Todos miraron hacia una loma cercana, el hombre, los niños y los perros. ¡Y entonces sí que se hizo el silencio! Solo se oía el graznido de los cuervos, el vibrar de las aliagas por el tenue viento y el sonido lejano de un avión en pleno vuelo. Antes de que cayera la noche, el hombre gritó:

– ¡Lucero!

Una esquila se oyó detrás de la colina.

– ¡Negro!

Otra esquila se sumó.

– ¡Perla!

El tercer campaneo incomodó a los cuervos, que decidieron cambiar de árbol.

– ¡Amanecer!

Un cuarto repiqueteo se sumó a los anteriores.

– ¡Verbena!

Cinco fueron los repiques cuya fuente era invisible.

– ¡Carbón!

El sonido metálico aumentó. El eco del valle lo propagó.

– ¡Espliego!

Siete esquilas sonaban ya, cada vez más cercanas, y por la carena asomaron siete pares de cuernos grisáceos, hasta plantarse siete machos cabríos, barbudos y confiados, mirando al amo, sintiendo la noche y deseando el encierro. De cada uno de ellos, una campana colgaba del cuello.

Descendieron la loma, ignoraron a los niños y a los perros, husmearon a su dueño y se plantaron ante la entrada del corral, muy serios. Entonces llegó el estruendo, balidos y carreras y atropellos. Trescientas cabras y otros tantos cabritos aparecieron por el mismo horizonte, saltaron sobre los matorrales o se enredaron en ellos. Y entraron en acción los perros. Ella no cesaba de correr alrededor del rebaño y de vez en cuando mordía las patas de aquellos animales simples, desorientados por su propia aglomeración. El viejo pachón ladraba al infinito y el pequeño caos de bóvidos menudos levantaba polvo que oscurecía los últimos rayos de sol. Una vez acorraladas las bestias, la noche sobrevino como un miedo ajeno. El hombre atrancó la tosca puerta de madera, los perros saltaron al remolque  y los niños, tiritando, se subieron abrazados. Arrancó el tractor y volvieron al pueblo. Llegaron a la casa y se pusieron todos junto al fuego, recuperando un presente de olores intensos y débil luz eléctrica sobre el que flotaba la palabra cena.

Fue entonces cuando le dije a Rafael:

– ¿Por qué no me das esa flauta?

Me miró a los ojos y me dijo:

– La estaba haciendo hoy, no la he terminado, pero ten.

Me la dio. Y aquí la tengo. Quizá siempre me han llegado las cosas antes de estar completas.

Anuncios

Etiquetado:, , , , , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Los recuerdos sagrados en Conócete a mí mismo.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: