Treinta millones

11 agosto, 2013 § 4 comentarios

Tres cebras mirando (Barcelona, 2005)

Tres cebras mirándome (Barcelona, 2005)

En pocas ocasiones la realidad supera, sin intención previa, a casi todo. También es frecuente hallar personas con síntomas de congelación.

¡Aunque todo ello es posible… en el mundo inverosímil de Blup!

Os propongo una visita al mundo inverosímil de Blup.

El mundo inverosímil de Blup está formado por tres velas encendidas y cuatro apagadas en una mesita circular. Ello simboliza la pretensión de no participar en lo colectivo por pánico y agorafobia.

Contiene, además, diversos mecanismos hidráulicos muy sencillos mediante los cuales se puede saber que los líquidos tienen una función claramente identificable y no menos simple.

Otra característica del mundo inverosímil de Blup es la iluminación: está lleno de hermosos rincones de luz cálida, sugerentes sombras y penumbras no menos atractivas. La mirada se puede encontrar en ese paisaje e impedírselo sería un crimen.

También llama mucho la atención la cantidad de vegetales agradables que tienen en el mundo inverosímil de Blup un verdadero hábitat, por fin. Son excelentes colaboradores, imagínese, tan atareados como están con la fotosíntesis y no descuidan ni un momento sus tareas colectivas.

Hay un detalle que diferencia definitivamente al mundo inverosímil de Blup de otros, aparentemente inverosímiles, que no son más que incongruentes: ese detalle es la joya del sistema y pasa tan desapercibido que algunos creyeron que no existía. Pero hay una historia.

“Mucha gente… Y son tan sabrosos como el mejor que haya probado -suspiró-. Ojalá hubiera podido mantener su pequeña era dorada local, potenciar su pequeño renacimiento, cosa de una década más; no me estaba costando demasiada energía ni atención cultivar la aparición de grandes artistas, médicos y políticos entre ellos, y aunque eso hubiera significado posponer un poco el verdadero festín, ¡qué suculentos habrían sido después de dejarlos caer desde una auténtica cima cultural, derrumbarse hacia la vieja desesperación, tras toda una generación de optimismo y confianza (…) pero claro, después de solo cuatro años de cultivarlos y fertilizarlos, me dejé llevar.”
Tim Powers, Cena en el Palacio de la Discordia (1985)

Hace dos meses que dejé de fumar en pipa y de escribir en este bloc. También dejé de tener frío. La explicación es sencilla: a esta temperatura, la pipa quema en la mano, el bloc quema en la mente y el cuerpo cabe bajo el chorro de una manguera convencional. Por cierto, el calor me sugirió posiciones del cuerpo que añoraba desde hacía un año.

A partir de ahí, me dije, buscaremos la calidad extrema del contacto humano, la fidelidad absoluta a los principios epicúreos de la conversación y el goce, la sinceridad de la especulación filosófica y la certeza de la importancia de existir, sin vergüenza, sin miedo y sin deudas ajenas que nada tienen que ver con nosotros, pero aceptaremos aquello que sea consecuencia de nuestros actos como cualquier animal superior haría. No entendemos de hipocresía y posición. La vida, o es real o estás muerto (en vida).

Por cierto, no recuerdo si he expresado alguna vez mi deseo de que, cuando muera, mi alma sea donada a la ciencia y mi cuerpo a la ficción.

En todo caso, mañana cumplo 500.000 horas de vida. No está mal, teniendo en cuenta que, a la velocidad que se vive hoy, se trata nada menos que de 30 millones de minutos desperdiciados en tomarse las cosas con atención y/o sorpresa y actuar en consecuencia (o no). Si consideramos que unos 15 millones de esos minutos los he dedicado a fijar la experiencia mediante el sueño, quedan otros 15 millones de minutos limpios de polvo y paja para andar por el planeta haciendo un poco de todo. En conjunto, es un panorama. Un totilimundi generoso y abierto. Un acto de caridad por parte del Universo. Una cebra.

Justo ahora que estoy penetrando en el espacio sagrado del pensamiento, me inclino para rogar por esas maquetas de trenes que fueron completadas con pocos accesorios, que siempre dan la vuelta en el mismo sentido sin chocar con nada. Pienso en el que maneja el mando a distancia, entrando en pánico al descubrir que el único arbolito ha desaparecido. Pienso en la firmeza con que se agarra a la imposibilidad de la desaparición del arbolito y justo cuando deja de sufrir, me someto a la pena profunda ante su incapacidad de animar la maqueta con cualquier otra cosa. Sé que acepta el mecanismo, pero, como si fuera un tritón, le cuesta tanto adaptarse al decorado que accede a la posición de desconsuelo. Ha perdido una vez más en la guerra contra su inteligencia.

¡Cuántos casos hay así!

¡Cómo llegan a interconectarse entre ellos!

¡Cuántas veces sucede!

¡Y qué daño que hace!

Pero siempre tenemos la posibilidad de salir, emerger o como se llame, del mundo inverosímil de Blup. Una vez fuera, las cosas son más o menos iguales, pero se pueden distinguir unas de otras. Aunque da una pereza…

“No hagas hoy lo que puedas dejar de hacer también mañana”
(Fernando Pessoa)

La atención vuelve hacia el laberinto de la mente. Ese circuíto que se recorre en solitario. Que garantiza la proximidad de cada cuerpo. La posibilidad de entendimiento. La certeza de pertenecer a una especie extremadamente convencional, para la que la acumulación de códigos significa cultura. La comunidad en la cual pensar es tan esencial como no morirse de frío. Aquella que confía en la reunión imposible, idílica, del conocimiento fragmentado. Cuando todos sabemos que no se puede pensar por los demás.

Aunque sí se puede pensar en ellos. De hecho, cuesta mucho no hacerlo.

Me está costando tanto, que voy a regresar inmediatamente al mundo inverosímil de Blup. No es que sea espectacularmente distinto, pero especularmente lo es, ya lo creo, puesto que es su reflejo (sino, no serían tan similares). Así que me encuentro con lo mismo, pero al revés. Y ciertamente, aquí se piensa por los demás, es uno de los inconvenientes del mundo inverosímil de Blup. Acaba siendo doloroso…

¿Quién puede seguir el recorrido de un pensamiento propio por el laberinto de la mente de otra persona sin enloquecer?

¿Qué propensión al peligro es esa?

Veamos:

Antes de hablar,
hay que pensar.
Hablamos como pensamos
y si repites lo mismo sin escuchar
estás en un bucle mental.
estribillo:
Un bucle mental.
Estás en un bucle mental.
Un bucle mental.
Estás en un bucle mental.
Un bucle mental.

Por otra parte, el mundo inverosímil de Blup no tiene ningún otro atractivo, aunque la ventaja de no ser incongruente le proporciona un clima privilegiado y la fruta conocida como certeza. Esa deliciosa baya rojiza, le confiere cierto prestigio. En el mundo inverosímil de Blup, además, pasan otras cosas menores, que se detallan a continuación:

1. A veces, los visitantes de un evento, una presentación, una cena, una reunión,  una sorpresa, parecen difuminados. En su percepción individual, no solo los demás lo están sino sobre todo, uno mismo. Se dice en estos casos “no están del todo”. A veces tardan días en llegar, pero la oportunidad del encuentro ya pasó. Allí no queda nadie. Cuando llegan a su nuevo aquí, se plantean si mantuvieron a propósito tal distancia en su momento o si lo hicieron los demás.

2. Es muy común encontrarse con pájaros desconfiados que, sin embargo, más tarde nos visitan en sueños y se dejan tocar.

3. Escribir es extremadamente divertido.

4. Hay personas que sufren por no saber pensar. Ayudémoslas, y esto no va en broma, aunque probablemente no se van a dejar.

5. También hay una historia muy bonita sobre una cebra que va al mercado y encuentra una moneda de plata, la recoge y la guarda, entonces piensa que en lugar de unas sardinas, como tenía previsto, puede comprar un congrio para hacerlo con guisantes y el congrio le dice: “Estás loca si piensas que con esa moneda de plata me vas a comprar”. Y la cebra le responde: “De hecho pensaba comerte, pero soy herbívora y no creo que me sientes demasiado bien”. “¿Y cómo pensabas que te sentarían las sardinas?”, le pregunta el congrio. Y la cebra responde: “Las sardinas las quería para hacerme un collar”.

6. Por lo demás, el mundo inverosímil de Blup responde a cualquier interrogación sobre su consistencia mediante su existencia, sin ambages ni pejigueras. Es un auténtico y bello mundo inverosímil lleno de extremismos y ambigüedades.

7. Da gusto lo jovial que es.

Anuncios

Etiquetado:, , , , , , , , , , ,

§ 4 respuestas a Treinta millones

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Treinta millones en Conócete a mí mismo.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: