La última novedad

31 diciembre, 2013 § Deja un comentario

Feliz año nuevo

Feliz año nuevo

La última novedad en amueblamiento audiovisual ya ha llegado a mi barrio, que es uno de los principales abrevaderos de Barcelona. Se trata de los bares con pantalla gigante en la cual pasan videoclips musicales  sin volumen mientras en el bar suena otra música tan vomitiva como la de los videos silenciados. Los clips suelen ser la programación de cualquier canal musical hortera de televisión y la música procede de cualquier radiofórmula musical hortera del dial. Cabe suponer que quienes así amueblan su bar pretenden crear en sus clientes una experiencia multimedia. Y lo consiguen. La sincronización, tan poderosa, acaba haciéndonos creer a ratos que los que salen en la pantalla tocando o cantando son los mismos que tocan la música que suena, hasta que se acaba un video-clip y la música sigue y uno se da cuenta de que no eran la misma cosa. ¡Si supieran que es mucho más fácil sincronizar una peli famosa sin volumen con una radio cualquiera…! Tal como lo plantean acaba convirtièndose en una experiencia, más que multimedia, peligrosa. Puede conducirnos a un ataque epiléptico o a manifestar un interés extremo por el resto de las cosas del bar, que nos conducirá sin duda a una depresión aún peor (estos bares acostumbran a tener letreros absurdos situados en lugares estratégicos del tipo “no damos cambio para tabaco” que crean una gran confusión en el cliente, sobre todo si al entrar huele a comida pero el bar no tiene cocina). Algunos sostienen que se trata de una nueva arma y que se está experimentando en los bares de Gràcia, dada la gran afluencia de seres humanos (abismados  en el no-lugar universal) que frecuentan la zona. Otros afirman que se trata de un error de programación que los propietarios no detectan al estar tan ocupados atendiendo a los clientes  del establecimiento. En todo caso, sienta un precedente. Y acaba con un antecedente. El del buen gusto, tan poco practicado, probablemente por desidia, en los últimos años de bares con música en Barcelona (que ya no “musicales”)… ¿Resulta interesante? Bueno, cualquier ejercicio de sincronicidad, por involuntario que sea, tiene ante sí un montón de tiempo antes de ser descifrado. Vean si no cómo se pueden separar informativamente las pruebas nucleares subterráneas y ciertos terremotos, de manera que no tengan nada que ver, aunque sean simultáneos. Eso es, probablemente, lo que pretendía el hostelero multimedia, pero solo consigue una disociación que puede conducir a una patología indeseada a sus parroquianos (aunque en ese tipo de bares, más que parroquia, lo que acaba confluyendo es una especie de tuna posmoderna multinacional muy poco experta, aunque sí entusiasta, en el culto de Baco, con lo cual todo les da bastante igual en aquel momento y a aquella hora). Dicha patología, una vez sublimada y llevada a barrios con más índice de circunspección, ha llegado a ser requisito para entrar en algunos bares y es esencial para formar parte de la base (superior) de la ya no tan nueva cultura de “conciertos con visuales”, que tanta delicia producen a los organizadores de eventos lúdico-festivos y a sus patrocinadores. Sucede en muchas ciudades, no causa enfermedades graves ni transtornos irreversibles más allá de los que te han movido a frecuentar el local, pensando que pasaba algo o los que te han llevado a dejar de ir, pensando que algo pasaba.

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