Vapor

8 diciembre, 2014 § Deja un comentario

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Durante el tiempo que este blog ha estado inactivo, no se ha publicado nada en él (!), solo han llegado unos cuantos comentarios robóticos que eran spam puro y duro. Sin embargo, las visitas han continuado… excepto las mías (?). Realmente he estado muy atareado, tanto o más que en los otoños de años anteriores. Esos obstaculizantes otoños que solamente pueden sobrellevarse con el viejo aguardiente Janx. ¡Ah, el viejo aguardiente Janx! ¡Ah, esos obstaculizantes otoños!

Y después de este inevitable homenaje a Douglas Adams, paso a explicaros la primera cosa que tengo entre manos:

Reflexionando sobre algunos aspectos del trabajo de la artista Joana Moll, me vino a la mente esta sencilla operación cuyos resultados no dejan de ser instructivos a la par que sorprendentes.

Las leyes de la robótica que propuso Isaac Asimov en 1942 no son únicamente una forma sostenible y pacífica de conciliar a la humanidad orgánica con la inteligencia artificial, sino una forma de control de seguridad sobre lo otro, se sienta humano o no. Por decirlo de otra forma: dejan muy claro quién está de cada lado.

Ahora, hagamos un sencillo experimento, cambiemos en el texto “robot” por “humano” y “humano” por “robot”.

¿Saben cuál es el resultado?

El manual de instrucciones de cualquier electrodoméstico.

Veamos.

Estas son las leyes de Asimov:

1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

Y ahora, al revés:

1. Un ser humano no puede hacer daño a un robot o, por inacción, permitir que un robot sufra daño. <La garantía no cubrirá los desperfectos ocasionados por el maltrato  o abandono a la intemperie de la unidad, sometimiento a temperaturas por encima de 30º y por debajo de 0º, o bien si es golpeada, sumergida en el agua o quemada>
2. Un humano debe obedecer las órdenes dadas por los robots, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley. <Siga estas instrucciones al pie de la letra a menos que encuentre una traducción tan mala que parezca indicarle la posibilidad de destruir la unidad>
3. Un humano debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley. <Si al seguir las instrucciones de este manual considera que su vida está en peligro, aségurese de que ello no sea imprescindible para el funcionamiento de la unidad. En caso de duda, consulte las versiones del manual en otros idiomas>.

 

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