Rurbanita

9 diciembre, 2014 § Deja un comentario

un amigo y un as de copas

Un hombre observa el as de copas.

Resulta por fin evidente que la mayoría de la gente que habita las ciudades no está preparada para hacerlo. La conciencia urbanita no está conectada con la condición urbana. Estas personas tendrían que volver al entorno rural, donde la Humanidad ha cultivado grandes éxitos, superiores a las ventajas de la ciudad y mucho menos inofensivos que los procedimientos de cohesión hipnótica, insuficientemente comprobados, que se practican sobre los habitantes de la urbe. La ciudad es algo todavía incipiente, insuficiente y de imprevisible final. La ciudad pretende dibujar sin lápiz un mundo trigonométrico. Hay demasiada distancia entre la gerencia y la multitud. Es una distancia insalvable, física, respiratoria, acústica. Llena. Gracias a este hecho, se pueden escribir cosas así en el 2014 de nuestra era. También se pueden escribir muchas otras cosas que no tengan nada que ver. Por ejemplo:

¿Un aroma de hinojo o un rastro de carmín?
Es la duda eterna del olisqueador de las cosas ocultas…
¿Cuál de los dos rastros seguir?

Analicemos la imagen: vemos en ella un hombre que se detiene ante el rótulo de una cafetería. El establecimiento se llama AS DE COPAS y el símbolo facial del naipe aparece junto a las letras del nombre. Se trata del clásico diseño de Fournier: la copa adornada con oro, el grial de la brisca. Es un contenedor de líquidos, recipiente que en la versión inglesa de la baraja es un corazón igual de rojo, sin la pedrería. En la baraja española, el as de copas cuenta con una tapa, es un cáliz (o una ponchera kitsch) cuyo contenido queda oculto bajo una campana dorada, al igual que en el tarot de Marsella, donde además el cáliz ceremonial está adornado con una muralla y pequeños torreones. El contenido está a salvo de derramarse y también de la vista. En cambio, en la baraja de Arthur Edward Waite y Pamela Colman Smith, una mano que surge de entre las nubes sostiene verticalmente la copa, de la que se vierten cinco chorros de agua sobre un estanque con nenúfares. La copa es amarilla y una paloma blanca que desciende en picado va a depositar en ella una pieza circular marcada con una cruz. Se diría el Espíritu Santo portando una hostia consagrada. En la copa está grabada la letra M invertida. Dicha inversión permite reconsiderar el arriba y el abajo del naipe, eso es importante en el sentido de que ya sabemos que todas las cosas un día u otro se presentan o se ven al revés, pero lo más interesante de la versión Waite-Smith es que, lejos de mantenerse el líquido preservado en un recipiente hermético, se derrama, aparentemente sin agotarse, sobre un contenedor mayor (el estanque con nenúfares) mientras la copa se sostiene en la mano que surge de las nubes y recibe la visita del espíritu. Ya que el as de copas, en el tarot, se interpreta como un principio de amor y generosidad emocional, no cuesta pensar que Waite-Smith introducían en esa representación la idea de que la contención de las emociones dificulta la absorción de nuestro propio nutriente espiritual, el cual permite la abundancia emocional y preserva de la sequedad. El caballero de la fotografía ha encontrado en su camino ese símbolo, aunque no en la bella y didáctica versión del Rider Waite, sino en la hermética imaginería de la baraja española, que deberá desvelar.

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