Cuando los extraterrestres invadieron la música (II)

21 abril, 2015 § Deja un comentario

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SUN RA

Aquel hombre que en 1979 le sugería a Daevid Allen que se relajase, afirmaba haber venido del planeta Saturno. Su misión era salvar a la Tierra mediante la música. Y su música era tan especialmente distinta como la del australiano. Las leyendas sobre Sun Ra son abundantes. Una de ellas dice que consiguió que en su pasaporte no pusiera “nacido en Birmingham, Alabama” sino “aterrizado”. En todo caso, Sun Ra llegó a la tierra en 1914 como Herman “Sonny” Blount. Sobre su origen, podemos atenernos a sus propias palabras: La gente dice que soy Herman Blount, pero yo a ese no lo conozco, es una persona imaginaria que nunca ha existido. Tengo una hermana y un hermano llamados Blount, pero su padre murió diez años antes de que yo llegara al planeta. Él no es mi padre. Si me propusiera hacer algo con el nombre de Sonny Blount, no podría… Yo no soy terrestre, soy un ser celeste.

En 1952 creó la Solar Arkestra que, con diversas variaciones de nombre y de personal, ha existido hasta nuestros días, después de la muerte de su fundador. Hasta aquella fecha, Blount había sido pianista en el circuito de clubs y cabarés de Chicago y arreglista y acompañante de muchas estrellas del jazz del momento, como Sarah Vaughan, Fletcher Henderson o Coleman Hawkins. Entre una cosa y otra, cabe destacar un acontecimiento determinante en la vida de Sonny Blount, desencadenante, entre otras cosas, de su cambio de nombre y la creación de la Arkestra: el encuentro con Alton Abraham, un emprendedor y técnico de rayos X, que compartía con el pianista la pasión por la historia antigua, la ciencia, el misticismo y el ocultismo. Abraham se convirtió en el mánager de Sun Ra y la colaboración entre ambos se extendió a lo largo de 25 años.

Mientras Sun Ra iba desarrollando un universo filosófico y estético a partir de la profundización en aquellas disciplinas, las diferencias musicales entre los combos creados antes de 1952 y la revolucionaria Arkestra se iban haciendo patentes.

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Por ejemplo, la Arkestra experimentaba con combinaciones instrumentales inéditas, como doblar los instrumentos base: bajo eléctrico y contrabajo a la vez, dos bateristas en lugar de uno, dos saxos barítonos. Incluyeron instrumentos poco usuales de percusión, antes incluso de que Art Ensamble of Chicago lo hiciera, así como vientos de doble lengüeta tan poco frecuentes en el universo jazzístico como el oboe o el fagot, y el propio Sun Ra tampoco se limitó al piano, sino que exploró las prometedoras posibilidades que la electricidad estaba brindando a los instrumentos de teclado: pianos y órganos eléctricos, clavioline (un teclado evolucionado de las ondas Martenot) y, más tarde, sintetizadores. En cuanto a lo compositivo, Sun Ra se adelantó, e inspiró, a las concepciones radicales del free jazz de Charles Mingus, John Coltrane o Cecil Taylor, introduciendo polirritmias, utilizando estructuras modales y desarrollos que no orbitaban en torno a la centralidad tonal, sino que se desplazaban y propiciaban el trance, la transmisión de un estado que músicos y público compartían en largas sesiones de emocionantes e inesperadas derivas armónicas y rítmicas, con frecuentes intervenciones vocales y corales. La insólita música de Sun Ra estaba acompañada por una puesta en escena inédita para la época: light show, túnicas metálicas y cascos espaciales, evocación de la estética egipcia clásica, vestidos luminiscentes… un imaginario que se iba enriqueciendo a medida que Sun Ra, mediante su poesía y el desarrollo de su filosofía, indagaba en el misterio. Ciencia ficción, viajes espaciales, cábala, panhumanismo… Nunca quise ser parte del planeta Tierra, pero estoy obligado a estar aquí, así que todo lo que hago por este planeta es porque el amo-creador del Universo me obliga a hacerlo. Pertenezco a otra dimensión. Estoy en este planeta porque la gente necesita mi música.

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Fueron años de rebelión y cambios en la música de jazz negra y en los Estados Unidos. El free jazz y los movimientos políticos radicales originaron una situación colectiva excepcional. La Arkestra, comuna interplanetaria, se instaló en Nueva York después de averiarse su furgoneta volviendo del Festival de Montreal. Chicago quedó atrás y Sun Ra se convirtió en un miembro influyente de aquella vanguardia neoyorquina en la que estaban inventando el futuro de la música personajes como Pharoah Sanders, Marion Brown o Lex Humphries. En 1972, la Solar Arkestra, conocida también, en sus sucesivas metamorfosis, como Solar Myth Arkestra, Space Arkestra, Astro-Infinity Arkestra, Intergalactic Discipline Arkestra, Astro Intergalactic Infinity Arkestra, etc. Se mudó a Filadelfia cuando el padre de Marshall Allen, el genial saxofonista de la banda y líder actual, ofreció al colectivo una casa en aquella ciudad.

La producción discográfica de la Arkestra es ingente, sus giras fueron constantes e incluían números de danza, circo, recitados místicos y el abandono del escenario por parte de los músicos para mezclarse entre el público, en conciertos de cinco horas. Al mismo tiempo, Sun Ra autoeditaba su poesía y sus cómics y creó su propio sello discográfico, Saturn Records, junto al enigmático Alton Abraham.

Sun Ra abandonó nuestro planeta el 30 de mayo de 1993, pero la Arkestra ha seguido funcionando hasta la actualidad en óptimas condiciones de transmisión galáctica: su mezcla de soul, funk, free jazz y psicodelia sigue siendo un medicamento recomendable contra la pérdida de hedonismo y trascendencia y ha sido inspiración de grandes aventuras en la música negra contemporánea, como por ejemplo la saga Parliament / Funkadelic, o de extraterrestres ya mencionados antes, como Daevid Allen y Gong.

Solo una vez pude ver, a través de un telescopio, el planeta Saturno. Sus anillos parecían sólidos y su colorido era fascinante. El planeta estaba allí, en medio de una quietud silenciosa y gélida, sobre un fondo de estrellas igualmente quietas. Pensé en Sun Ra y su música solar, profunda, cálida y psicotrópica. Entendí que hubiera elegido la Tierra para aquella misión que en el planeta gigante no hubiera tenido la menor trascendencia.

 segunda parte del artículo publicado en el número 4 de la revista Presencia Humana, editada por Aristas Martínez
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