Cuando los extraterrestres invadieron la música (y III)

27 abril, 2015 § 1 comentario

 

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MAGMA

En 1969, Sun Ra publicaba su disco Atlantis, al mismo tiempo que un grupo de personas, bajo el nombre de Magma, comenzaban a actuar en los escenarios de París, vestidos de negro, luciendo en sus ropas un símbolo extraño. Un amenazador grafismo Op que, según su creador, Christian Vander, fue inspirado por el arte egipcio, como si se tratase de un escudo metálico o un gran medallón sobre el pecho, aunque ha sido frecuentemente asociado con un pájaro, quizá porque en la portada del primer disco de la banda, la garra gigante de un ave se abate sobre una ciudad y sus habitantes, derramándose sobre ella como lava ardiente. El baterista, compositor y escritor Christian Vander se movía en la escena del jazz contemporáneo de la capital francesa desde muy joven y había tenido la suerte de conocer a algunos de los mejores músicos del momento e incluso de tocar con algunos de ellos (su primera batería se la regaló Chet Baker). A finales de los 60 estaba implicado como instrumentista y compositor en distintos proyectos, pero la muerte de John Coltrane en 1967 le sumergió en un profundo proceso de indagación estética, una vez hubo llegado a la conclusión de que el jazz había terminado con la desaparición del revolucionario saxofonista místico. Magma fue el resultado de aquel proceso, y no fue solo un proyecto musical porque, aunque sin duda Vander inventó —creó—una nueva música que pervive hasta hoy, también descubrió un planeta, con su lengua y su historia, además de conocer la revelación de unos hechos futuros y la posibilidad de evitar un apocalipsis.

Se trata de una historia del futuro (¿o del presente?): la Tierra ha llegado a un punto de no retorno, la decadencia de la cultura y la sociedad junto a la degradación del planeta llevan a un grupo de personas a fletar una nave espacial para lanzarse a la búsqueda de un nuevo mundo que colonizar, donde crear una nueva civilización que no caiga en los errores que han precedido a aquella situación en la Tierra. El largo viaje culmina con el descubrimiento del planeta Kobaïa, en el cual se instalan los exiliados terráqueos para poner en práctica su idea de una sociedad que respete el planeta sin renunciar al progreso tecnológico. Pasan los años y un día detectan una nave averiada en la órbita de Kobaïa. Al rescatarla descubren que en ella viaja una tripulación terrestre que, invitada a explicar las novedades del lejano planeta común, revelan a los kobaianos que el proceso de decadencia se ha acrecentado y la sociedad humana se encuentra sumida en el caos. Solicitan también a sus anfitriones que viajen hasta la Tierra para propagar su filosofía entre sus habitantes y salvarla así de su inminente destrucción. Estos, finalmente, acceden a enviar una delegación.

A su llegada a la Tierra son recibidos y escuchados por las autoridades y explican la filosofía que en Kobaïa les ha llevado a alcanzar la iluminación espiritual y a conseguir la felicidad de todos sus habitantes, pero inmediatamente son encarcelados y su nave, requisada, pero no lo bastante rápido como para que los kobaianos no puedan enviar una llamada de socorro a su planeta, donde inmediatamente se prepara una misión de rescate.

Cuando la nave kobaiana de rescate llega a la Tierra, la tripulación comunica que cuenta con un arma definitiva y que piensan usarla si no devuelven a los rehenes, cosa que los terrícolas hacen de inmediato. Así que los kobaianos regresan a su planeta pero, aunque no volverán jamás a la Tierra, su mensaje se propaga entre la población y su filosofía se transmite de una generación a otra. Uno de los terrícolas que atesora ese conocimiento es un místico llamado Nebehr Gudahtt. Su mensaje a los terrícolas es que solo pueden salvarse de una inminente y definitiva perdición mediante la autopurificación, que permitirá la comunicación con el espíritu divino del Ser Supremo, el Kreuhn Kohrman. Ese periodo de la historia de la Tierra, posterior a la marcha de los kobaianos, es conocido como el Theusz Hamtaahk (El Tiempo de la Aversión), que concluye cuando Nebehr Gudahtt organiza una marcha celestial (zeuhl) para conseguir la iluminación colectiva. Inicialmente, las multitudes rechazan el mensaje y cargan contra él y sus seguidores, pero poco a poco, mientras se enfrentan, van comprendiendo uno a uno el verdadero sentido de su existencia y propósito en la Tierra, y acaban por marchar todos juntos.

Hasta aquí el relato central que da origen a la cosmogonía de Magma. Está explicado en dos primeros ciclos que son en sí mismos una trilogía cada uno. El primer ciclo, Kobaïa, incluye tres discos, un primer doble LP, titulado Magma, y otro llamado 1001º centigrades. En el segundo ciclo ya se han desarrollado por completo la lengua y el alfabeto kobaïano. Recibe el nombre de Theusz Hamtaahk y también es una trilogía, aunque su homónima primera parte nunca se publicó en disco. La segunda y tercera parte sí, con los títulos urdah Ïtah y Mekanïk Destruktïw Kommandöh. Este disco es considerado por muchos la obra cumbre de Magma. Hay un tercer ciclo, llamado Ëmëhntëhtt-Ré que contiene a su vez otra trilogía, formada por los discos Köhntarkösz Anteria, Köhntarkösz y Ëmëhntëhtt-Ré. Narra la historia de Köhntarkösz, un hombre que descubre la tumba de un antiguo maestro egipcio llamado Ëmëhntëhtt-Ré. Al penetrar en la tumba, Köhntarkösz experimenta una visión en la que se le aparece el antiguo maestro y le revela todos sus conocimientos.

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Así como la discografía de Magma sigue hasta nuestros días, los diversos aspectos de la filosofía y la cosmogonía kobaianas continúan siendo la temática central, a menudo en forma de nuevos ciclos, siempre cantados en la lengua kobaiana sobre la poderosa música de Vander y los suyos.

Musicalmente, podemos definir a Magma como el encuentro inaudito del jazz y el rock con las músicas postclásicas europeas y la psicodelia de Canterbury. Un camino que también habían seguido otros grupos de la época, como Henry Cow, y que Frank Zappa transitó en algunos momentos de su carrera. Stravinsky o los arreglos que Carl Orff había popularizado a final de los años 30 de las músicas goliardas de los Carmina Burana, resuenan en la música de Magma. Sin olvidarse de las influencias patentes de Coltrane, Archie Shepp o Albert Ayler. Pero también la energía y la puesta en escena de la música popular eléctrica son patentes en sus poderosos y masivos directos. Magma (banda, orquesta, comunidad y embajada extraterrestre) era un grupo numeroso, más de una decena de músicos, en torno al núcleo duro inicial formado por Christian y Stella Vander, Bernard Paganotti, Klaus Blasquiz, Teddy Lasry… pero a lo largo de todos estos años, hasta hoy, han pasado por la banda un centenar de músicos, algunos de ellos instrumentistas de renombre en las músicas progresivas francesas, como Jannik Topp, Didier Lockwood, Yochk’o Seffer o Benoît Widemann, lo cual da una idea de la calidad instrumental del grupo y de la dificultad que la complejidad de las composiciones de Vander suponía, puesto que la obra de Magma es sinfónica. Y frenética. No se recrea en lugares comunes ni transiciones espurias. Hay discos de Magma que son verdaderas descargas de adrenalina, escuchen la pieza Köhntarkösz en el doble LP Magma Live y comprenderán lo que quiero decir.

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La música inventada por Vander ha creado una escuela, y así como sus seguidores hablan y escriben en la lengua de Kobaïa, muchos músicos han formado grupos en las últimas tres décadas dedicados a componer y tocar lo que se conoce como música zeuhl (celestial, en kobaiano). Es música del planeta Kobaïa y no se imaginen que allí entienden por música celestial cualquier cosa que podríamos asociar aquí con ese adjetivo: ni new age ni arpas tocadas por ángeles sonando entre las nubes…

Acabaremos con unas frases de Christian Vander, en una entrevista de 1995: No había escuchado a Sun Ra (antes de la fundación de Magma) pero siempre que lo escuché después, sentí que había algo, una conexión real. Lo divertido es que antes de llamarse Magma, la banda tuvo un nombre más largo en mente, y sonaba muy parecido al nombre completo de la Arkestra de Sun Ra. (…). No pienso que las enseñanzas de Gurdjieff y los principios que subyacen en ellas se puedan aplicar ahora. Hoy eso no funciona. Ni las plegarias de los monjes del Tíbet, que son cada vez menos y menos escuchados. Creo que entiendo parte de las cosas que no están funcionando y llevo escritas 800 páginas de una novela filosófica donde lo explico.

¿Publicará algún día Christian Vander su exégesis? En todo caso, en estas tres entradas nos habíamos propuesto presentar los indicios de que al menos existen tres maneras de viajar al espacio exterior que garantizan altas dosis de placer auditivo (Gong, Sun Ra, Magma), aunque no deja de ser duro descubrir que no solo es muy posible que el origen de la vida en la Tierra proceda de las condritas meteóricas de Marte, sino que parte de la mejor música hecha en nuestro planeta sea cosa de extraterrestres.

 

 tercera parte del artículo publicado en el número 4 de la revista Presencia Humana, editada por Aristas Martínez
 

 

 

 

 

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§ Una respuesta a Cuando los extraterrestres invadieron la música (y III)

  • Juan-Francisco Silvente dice:

    Hola Víctor:

    Hablar con Meri y Albert nos ha llevado hasta ti y tu bendita página sobre Magma, grupo que nos transporta hasta los confines del universo con su música tan profunda y sincera.

    Siento haber dado tan tarde con esta página tuya, pero más vale tarde que nunca.

    Gracias por hacerte eco y darlos a conocer (¡a estas alturas!!!)

    Un abrazo,

    J.F.

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