Inaudito

5 julio, 2015 § Deja un comentario

Un arbol que te encuentras en mi calle

Un árbol amenazador que te encuentras en mi calle

Desde abril no había escrito en este bloc tan importante para mí; ese lapsus necesario. Ahora hace calor, el calor es como una envolvente, toda frecuencia producida se llena inmediatamente de armónicos que oscilan, dando una sensación de tiovivo térmico. Del sol aplastante a la sombra asfixiante. Es la humedad de Barcelona. Un bien que nos dio la naturaleza a los habitantes de aquí (sitio, lugar). Calor: pues, la verdad, ya no es diferente en cada esquina. No circula ni un suspiro de aire. No ha habido marinada hoy. La ciudad sucumbe bajo el plomo ardiente, el cielo se emblanquece de temperatura y ni siquiera regala los azules de junio. Pensar: Bueno, aún parece posible. Hacer: uf, la cosa se complica. Comer: ¿puedo vivir de gazpacho y melocotones? Dormir: El último recurso sudoroso. ¿No se suponía que debíamos estar activos? Algo iba a pasar, si no nos espabilábamos, tengo entendido. ¿Pero qué puede pasar con esta brasa? Lo de siempre. No es la primera vez, ni la última. No es ni una mera vez. Es lo que es. Uno suele verse grande en relación a los demás. Se imagina grande y ve a los otros pequeños… o bien se ve pequeño y los demás se le hacen grandes. SIn embargo, pequeño entre pequeños, grande entre grandes, parece imposible, o demasiado fácil o extremadamente complicado. Elusivo en la dinámica, en todo caso, del convivir socialmente. Estrella rutilante de los anhelos personales, el cambiar uno, siempre es una oportunidad para otros. Quien te mira, quien te espera, quien no te esperaba y quien no te había visto todavía. Su oportunidad. Tu cambio. No es una buena transacción. Cuidado. Informa de tu estado y te vendrán a observar. Se acabarán las conversaciones interesantes, se establecerá una moratoria de los temas importantes. Convertido en escaparate, casi todos se mirarán en ti. Y los que nunca te vieron, lo harán por primera vez, jugando a la certeza de juzgarte inofensivo. Pero el aviso estaba colgado, en todas las lenguas y en todos los sitios visibles: anunciaba el momento del juicio. Estaba acompañado de un informe en el que se detallaban todas las enfermedades superadas, consciente o inconscientemente. Lo que no había era un plan de la misión. Lo siento, he tenido que fabricarlo como buenamente he pensado que se podía hacer una cosa de ese tipo, suponiendo que se ajuste a los parámetros, sean cuales sean, que se les atribuyen a los planes de una misión normal. Pero no hay misiones normales, así que ésta es tan excepcional como las otras. Aún diría más, pero no hace falta. Recojan el fruto de sus pesquisas aquellos que investigan e interésense por cómo funciona la magia en estos contextos tan volátiles quienes evolucionan en común. Y recuerden: no me gustaría estar solo en esta iniciativa tan sostenible de descifrar el destino de un pequeño colectivo emocional. Por otra parte, éste podría ampliarse o reducirse. Mientras tanto, una polilla intenta estrellarse contra la lámpara halógena que tengo en el escritorio, lo hace sistemáticamente y me lleva a pensar si sería correcto apagar la luz y dejarla a merced de la oscuridad, donde perdería el sentido de la orientación. No puedo hacerlo, seguiré escribiendo. La idea del calor es fascinante. T. E. Lawrence, por ejemplo, describe las rocas del desierto calcinadas por el sol de una forma que no produce sed en el lector, sino más bien hambre. Sus oasis explican cordero asado después de cada travesia y lo interesante es ver cómo se toman esta situación los camellos sarnosos que le acompañan. Hergé introduce la sed implacable en El cangrejo de las pinzas de oro para poner a prueba a su futuro personaje principal. La literatura ha repartido sed desde la Biblia hasta Arthur Gordon Pym. Pero nadie sabe la sed con que beben los demás. En este mundo encapsulado sólo aprecio la prudencia y detesto el estupor. Y, por supuesto, ese árbol da mucho miedo. Es el que tuvo relaciones con la señal de tráfico, si no me equivoco. Ahora está del talante que se ve en la foto.

 
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